edificio del museo iconográfico del quijote

HISTORIA DEL EDIFICIO

En Guanajuato, a un costado de la Plazuela de San Francisco, antiguamente conocida como de San Juan (aludiendo al templo de ese nombre), y en la prolongación de la calle de Sopeña, se encuentra ubicada una hermosa casona de dos niveles, patio con columnas toscanas y arcos de cantera apuntados que sostienen el corredor del piso superior, donde otra serie de columnas dan una admirable perspectiva que recuerda las construcciones españolas del siglo XVIII, pero está fabricada con materiales y mano de obra guanajuatense. Dicha casa-habitación fue restaurada para convertirla en el Museo Iconográfico del Quijote, el cual fue inaugurado el 6 de noviembre de 1987, con la presencia de los entonces presidentes de España, Felipe González, el de México, Miguel de la Madrid, y la del gobernador del estado, Rafael Corrales Ayala. Dicha inauguración fue uno de los actos con que se clausuró el XV Festival Internacional Cervantino, celebrado en la ciudad de Guanajuato.

La colección iconográfica del Quijote, heterogénea por sus distintos orígenes, materiales y concepciones, fue donada por el generoso transterrado español, don Eulalio Ferrer, para ser admirada por los visitantes nacionales y extranjeros. Muy justo era que el Caballero de la Triste Figura, tan festejado en esta ciudad, tuviera en ella su residencia, tras de cabalgar por calles, plazas y teatros durante varios años. Remontándonos al pasado, sería posible, tras revisar rápidamente los cambios urbanos de Guanajuato, darnos una idea de cómo se llegó a conformar el sitio donde se encuentra la que aquí se llamó "Casa del Quijote".

Se puede decir que Guanajuato se configuró en las cercanías de las minas. No existió un plan determinado para su urbanización como en otras villas, donde se seguían al pie de la letra las disposiciones reales según los cuales, en torno a una plaza central en la cual convergían los poderes civiles y eclesiásticos, partían las calles tiradas a cordel. En vez de esto, en Guanajuato se contaba con una cañada tortuosa en cuyo fondo corría un río. Se ubicaban allí las haciendas de beneficio que luego abundaron y hubo necesidad de tender puentes a uno y otro lado del río para poder pasar.

Es sabido que a mediados del siglo XVI, después de múltiples denuncias de minas, la actual ciudad de Guanajuato era conocida como Real de Minas de Santa Fe de Guanajuato, constituida inicialmente por la unión de cuatro fortines o reales (Santa Ana, Marfil, Tepetapa y Santa Fe). Estos habían estado formados, originalmente, por asentamientos humanos primitivos o "asientos" de minas, cercanos a las estancias ganaderas y agrícolas.

Los originales "asientos" de minas constituyeron después las haciendas, que eran amplias extensiones de terreno que contenían: patios, norias, presas, galeras, azogueras, hornos, así como capillas, "cuadrillas" (donde estaban las habitaciones de los operarios, su tienda, etc.) y, además, las habitaciones de los dueños con sus oficinas administrativas. El conjunto casi siempre estaba amurallado y de tramo en tramo se erigían torreones de vigilancia.

Las haciendas se extendían a lo largo de la cañada del río Guanajuato; con el tiempo se escalaron cerros, se abrieron calles y se elevaron muros para contener su cauce. En dichas haciendas se procesaban los metales por el método de patio y por el de fundición.

Con el correr de los años, se produjeron paulatinamente cambios urbanos; en el siglo XVII, algunas haciendas se fraccionaron, dando lugar a solares o casas-habitación. Parte de los caminos que conducían a las minas se convirtieron en calles, las "cuadrillas" en barrios –como Mexiamora, San Roque, San Javier, San Matías, Pastita–, los patios en plazuelas –como la de San Fernando y San Francisco–, y algunas de las capillas en templos. Mientras estos cambios ocurrían, el Real de Minas se transformó en Villa en 1679 y adquirió la categoría de ciudad en 1741.

En relación con el entorno de la actual "Casa del Quijote", hay testimonios documentales de que, en el siglo XVII, se encontraba allí la hacienda llamada de Los Rodríguez. El mote se debía a que el capitán Sebastián Rodríguez, originario de los reinos de Castilla, la había comprado al Convento de San Agustín de Salamanca. A su muerte, la hacienda se fraccionó entre sus familiares y descendientes, quienes a su vez dividieron más la primitiva hacienda de minas de fundición. Tal vez don Sebastián era pariente de Alonso Rodríguez Correa, por eso se darán en conjunto las dimensiones de sus haciendas colindantes.

La extensión del terreno de las haciendas era considerable. Sus límites eran: el comienzo de la calle Real (actual Juárez), parte de la Plaza de la Paz con el espacio que ocupa hoy el Jardín de la Unión y el del Convento de San Pedro Alcántara (actual Templo de San Diego y Teatro Juárez), calle de Sopeña, Plaza de San Juan (San Francisco) y del Ropero, hasta donde comenzaba el Barrio de los Desterrados (Sangre de Cristo). La calle de Cantarranas (Hidalgo) cerraba el perímetro. Lo anterior se deduce de la lectura de varios documentos.

La referencia más antigua del fraccionamiento de las haciendas de Los Rodríguez aparece en un documento que informa de la donación que hizo don Alonso Rodríguez Correa (procurador del Ayuntamiento) a los dieguinos, de un terreno para erigir el Convento de San Pedro Alcántara, esto es, el de los Franciscanos Descalzos o Menores. Las obras se emprendieron en 1673. Don Alonso Rodríguez Correa vendió parte de un solar en la calle Real que iba de la Plaza Principal (ahora De la Paz) hasta el Convento de San Pedro Alcántara. Las nietas del capitán Sebastián Rodríguez vendieron terreno a la congregación del Divino Salvador para la ampliación del Templo de San Juan (San Francisco). En el documento ya se menciona la Plazuela de San Juan (que después se llamaría de San Francisco). Otra parte del terreno fue vendido para la construcción de varias casas-habitación. Para el siglo XVIII, frente a la Plazuela de San Juan se erigieron tres casas contiguas de calicanto, las que, reestructuradas, serían antecesoras de la actual "Casa del Quijote".

La propietaria de dichas casas era Catalina de San Juan, esposa de Pedro Sáenz de la Riva, también dueña de una hacienda de fundición de metales, ubicada enfrente, mediando la calle de Sopeña. Las tres casas se fabricaron en un solar de 12 varas de frente y 29 de fondo, donde además estaba construida una casilla de adobe ubicada en medio de las otras. Es de suponer que por las inundaciones en la zona (de las cuales hablaremos adelante), las casas se dañaron a tal grado que debieron ser reestructuradas o reconstruidas a fines del siglo XVIII, una de ellas la del actual Museo Iconográfico.

Mientras esto sucedía, hubo otros muchos cambios en la población, causados por las grandes inundaciones que ocurrieron en la ciudad, sobre todo las de 1760 y 1780. Por tal razón, el claustro del primitivo Convento de San Pedro Alcántara quedó sepultado por las aguas. Sobre parte de las ruinas se elevó el nuevo templo de San Diego, ocho metros arriba del nivel original, costeado con donativos del conde de Valenciana. El nuevo templo fue dedicado el 24 de junio de 1784. Varias capillas y restos de los muros del convento quedaron sepultados. Años más tarde, en 1861, la Capilla de los Menores fue derribada y sus cimientos quedaron bajo el sitio ocupado actualmente por el Teatro Juárez y parte del Jardín de la Unión.

Para principios del siglo XIX ya existía la casa donde actualmente se ubica el Museo Iconográfico del Quijote, que por entonces pertenecía a la familia Marmolejo. Don Romualdo Marmolejo fue gobernador de Guanajuato. Un antiguo miembro de esta familia nos dice que don Lucio Marmolejo, autor de Efemérides guanajuatenses, nació en esta casa en 1834. Y fue en 1856 cuando doña María de la Luz Marmolejo la traspasó a don Brígido Gaytán, minero de La Luz, a cambio de que éste cubriera una deuda de diecisiete mil pesos a favor de los conventos de Jesús María y Santa María de Gracia de Guadalajara. El señor Gaytán era suegro del general Manuel Doblado.

En 1861, don Brígido vendió la casa al gobernador del estado, general Manuel Doblado. El general, quien había sido varias veces gobernador y fue secretario de Relaciones Exteriores (1861) durante el gobierno de Benito Juárez, colaboró afanosamente para instituir en Guanajuato, el gobierno de Juárez como Presidente (1858). Don Genaro García, en el prólogo del libro La Revolución de Ayutla, afirma que el general Doblado "tuvo en sus manos más de una vez el porvenir de la República y logró salvarla honrosamente".

Al parecer, el emperador Maximiliano de Habsburgo se hospedó en esta mansión durante su estancia en Guanajuato, el 18 y 19 de septiembre de 1864. La última noche fue vitoreado allí por la sociedad guanajuatense.

Por ese entonces la casa tenía por límites, hacia atrás, el callejón de los Corazones; al lado derecho, la casa de don Pío Septién y, al izquierdo, la de don Ignacio Ajuria.

En 1865, don Manuel Doblado murió intestado en Nueva York, y debido a los trámites burocráticos, fue hasta septiembre de 1891 cuando su esposa e hijos pudieron tomar posesión de sus propiedades. La casa de la Plazuela de San Francisco fue heredada por la señorita Guadalupe Doblado Gaytán; estaba marcada entonces con el número 6 y letra B de la manzana 2ª, cuartel 7º.

En el siglo XX, la casa que nos ocupa fue testigo de sucesos que preludiaban grandes cambios sociales. Al final del Porfiriato, era propiedad de los Rubio Castañeda, aristocrática familia de la sociedad guanajuatense. En la segunda década, los habitantes de Guanajuato sufrieron las convulsiones de la época revolucionaria; el desorden y la crisis económica se resintieron como en todo el país. Las diferentes poblaciones del estado, especialmente Celaya, León, Irapuato y Silao, eran ocupadas alternativamente por las distintas fracciones en pugna. La intranquilidad y la alarma se percibían diariamente.

Las fuerzas constitucionalistas, al mando del general Alberto Carrera Torres, entraron en la ciudad de Guanajuato el 28 de julio de 1914. El general José Siurob, en 1915. Durante su gestión, la población católica se vio reprimida en sus manifestaciones religiosas; el Colegio de las Madres del Sagrado Corazón, situado en la Presa, cerca del Parque Antillón, había sido clausurado pocos años antes.

La educación católica continuó en casas particulares y con ese fin se estableció el colegio de las señoritas Arauz, profesoras con grandes dotes pedagógicas. Ese colegio funcionó en una casa del Puente del Campanero, luego la Plaza del Ropero, después en Sopeña 13 y para 1918 se instaló en el actual Museo Iconográfico del Quijote. Entre los alumnos más notables de esa institución se pueden nombrar a la señorita Esperanza López, quien dedicó su vida a la enseñanza, formando a varias generaciones, y a Euquerio Guerrero, que desempeñó cargos importantes: presidente de la Suprema Corte de Justicia y rector de la Universidad de Guanajuato, los principales.

En el mismo domicilio del Colegio (actualmente Manuel Doblado 1), el 15 de junio de 1918 se fundó la Asociación de Damas Católicas y la casa se constituyó en la sede de la Acción Católica, quedando como presidenta la señorita María Arauz y, entre sus colaboradoras, distinguidas damas de la sociedad, como: Luz Malo, las Rocha, las Alamán, las Rubio, las Aguilar, Emma Antillón.

Para entonces gobernaba el estado don Agustín Alcocer. La tranquilidad y el orden retornaron poco a poco, los trabajos en las minas se reanudaron y varias compañías extranjeras operaban en la ciudad.

La señorita Josefina Chowell rememora aquellos tiempos (en entrevistas que concedió a la autora de este trabajo) y considera que esa fue la época de oro de Acción Católica. Había mucho entusiasmo y toda la sociedad colaboraba de alguna forma porque se querían afirmar las tradiciones cristianas, como las posadas, las festividades de los santos y la instrucción religiosa. La señorita Chowell narra cómo fue acondicionado el salón principal como teatro para las diferentes celebraciones. La señorita Emma Antillón proporcionó candiles, alfombras, cortinajes, etc., de manera que se improvisó un foro. Las decoraciones del escenario las elaboró el pintor Manuel Leal, quien también frecuentaba el local. Además, se organizaban kermeses para recaudar fondos.

En la misma fecha en que la Acción Católica fue fundada, el señor René Capistrán Garza, ex presidente de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) a nivel nacional, dio una plática en la que se refirió a la misión de la mujer en la vida. El mismo personaje, el día anterior, había sustentado una conferencia católico-social en el Teatro Principal. El comentario del periódico Cultura fue el siguiente: "en este medio en que hablar de religión es un delito, la audacia del conferencista se impuso a la par que el mérito en sí de la conferencia". Esto preocupó al gobierno y la inquietud estaba justificada, pues habría de ser el preludio del movimiento cristero.

Cerca de 1928, la casa dejó de ser colegio y se transformó en sanatorio, bajo la dirección del doctor Manuel González Rivera. La señora Esperanza Castillo Smith, última dueña de la casa antes de ser convertida en museo, va a cambiar el tono de esta narración, pues al ser entrevistada recordó particularmente una de las fiestas que se efectuaban en el colegio, porque allí conoció al señor Frederick Smith, superintendente de The Guanajuato Power and Electric Company, su futuro esposo. La señora Smith contó la siguiente anécdota: en la fiesta mencionada anteriormente, Tey Romero actuaba en el escenario del teatro, entonando la famosa canción de los veinte: "escoba, tú eres mi anhelo, barriendo te quiero más". Doña Esperanza estaba tan absorta en la actuación que, al sentarse en una banca falsa, se cayó y don Frederick la auxilió. Cuando la pareja se casó, el Colegio había dejado de funcionar y la casa se encontraba en venta. El matrimonio Smith la compró al ingeniero Rodrigo Castelazo en 1935.

Pasaron los años y a la muerte del señor Smith, doña Esperanza la convirtió en hospedaje para estudiantes; fue conocida como la "Casa Smith". Allí se alojaron o estuvieron de visita varias personalidades del mundo político, como el licenciado Carlos Madrazo, quien fuera presidente del PRI; el licenciado Federico Medrano, presidente del PNR; el licenciado Enrique Fernández Martínez, que después sería gobernador de Guanajuato; el licenciado Antenor Salas, gobernador de Tabasco, entre otros.

Tales son algunos de los antecedentes históricos de una casona, actualmente convertida en el Museo Iconográfico del Quijote. La formalización del convenio se efectuó el viernes 16 de octubre de 1987 con la firma de los representantes de la Fundación Eulalio Ferrer, señor Eulalio Ferrer y esposa, y la del gobernador de Guanajuato, licenciado Rafael Corrales Ayala.

La intención de don Eulalio Ferrer al donar su valiosa colección de piezas sobre la figura del Quijote para la creación de un singular museo, fue testimoniar la gratitud de los expatriados españoles al pueblo de México. Al mismo tiempo que hacer un homenaje a Guanajuato por ser la sede del Festival Internacional Cervantino.

El acto inaugural del museo fue también un anticipo a las celebraciones llevadas a cabo cinco años después para conmemorar el encuentro México-España con motivo del V Centenario de la llegada de Colón a América (1492-1992).

Un galardón más para la histórica ciudad de Guanajuato constituye la conquista del título de "Ciudad Cervantina", propuesto por los cervantistas ante el alcalde de Alcalá de Henares, ciudad donde nació Miguel de Cervantes Saavedra, y aprobado por el gobernador del estado, Rafael Corrales Ayala, en la clausura del II , celebrada el 14 de octubre de 1988. En esta ceremonia, el señor gobernador finalmente expresó que bajo el título otorgado: "Ciudad y hombre han de quedar indisolublemente asociados en una denominación común: Guanajuato-Ciudad Cervantina, Cervantes ciudadano de Guanajuato".

Texto de Aurora Jáuregui de Cervantes

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